Dos Promesas hemos recibido en España, la primera formulada por la Virgen en Zaragoza: “No faltará la fe”; la segunda por el Corazón de Jesús en Valladolid: “Reinaré”. La una no se concibe sin la otra: SIN FE NO HAY REINADO, Y EL REINADO ES EL CORONAMIENTO DE ESTA FE.
Estas dos promesas van íntimamente unidas, por eso están inscritas en la Basílica a ambos lados de Nuestra Sra. del Pilar formando una ALIANZA.
Esta Alianza se pone de manifiesto en la cúpula
con la imagen de la Virgen, que sobre “el pilar,” está en actitud sacerdotal
frente al Corazón de Jesús que bendice. En la medida en que participamos de la
fe de María, de su “FIAT”, gozamos de las bendiciones del Corazón de Jesús
bebiendo de Él los Tesoros del Padre, los dones del Espíritu Santo.
“Para con el eterno
Padre valgámonos del Corazón de Jesús y para con el de Jesús valgámonos del
Corazón de María” (Tesoro Escondido).
SENTIDO DE LA VENIDA DE LA VIRGEN A ESPAÑA
“Mantendré los ojos
abiertos y los oídos atentos a las súplicas que se hagan en este lugar. Elijo y
consagro esté templo para que este en él mi nombre eternamente. Mi corazón y
mis ojos estarán siempre en él" (2Cro 7, 15-16).
La liturgia toma este pasaje bíblico para
celebrar la fiesta de Ntra. Sra. del Pilar. La basílica de Zaragoza es una “Oficina de
Misericordia” en la que la Virgen María, con la potestad que se le ha
conferido, atiende las solicitudes que se hacen a su Hijo, “sus oídos están
atentos a nuestras súplicas”.
Esta “Oficina” tiene sucursales por toda España.
En estos despachos, la Madre de Dios presenta infinidad de solicitudes ante su
Hijo intercediendo por nuestros ruegos y
tomando como suyos nuestros intereses y preocupaciones. "No tienen vino" (Jn 2,3).
Por designio divino, Hispania fue elegida para
erigir la primera
capilla en todo el orbe, después de la redención y en nombre de la gran Señora
del cielo y tierra para que “en él este su nombre eternamente” venerado e
invocado.
Esto nos hace entender el lugar que Jesús quiere
que ocupe su Madre en nuestras vidas; nuestro Redentor no quiso que fuese
dedicada a Él, sino a quien, en su plan de Salvación, atrae sus bendiciones
para derramar copiosamente su Gracia y Misericordia.
La Tradición nos
dice que la Virgen María, en la noche del 2 de enero del año 40, vino en cuerpo
mortal a visitar al apóstol Santiago traída por un coro de ángeles que cantaban
a su Reina.
El apóstol Santiago estaba con sus discípulos
fuera de la ciudad cerca del río Ebro. Los ángeles pusieron el trono de su
Reina y Señora a la vista del apóstol que estaba en oración. Él contemplando la
luz, y sensible a esta música angélica, distinguió la pequeña columna de mármol
o de jaspe que traían consigo. Desde la nube y trono, rodeada de ángeles de
admirable hermosura, Ella se dirigió a él para bendecirle y alentarle, y el
apóstol, lleno de admiración y gozo, acogió esta visita como un regalo del
Altísimo quedando muy confortado en lo interior y consolado.
“He aquí el lugar, hijo mío, el lugar señalado
para mi honra… Mira este Pilar enviado por mi Hijo, cerca del cual asentarás el
altar de la capilla, en el cual por mis ruegos y reverencia, obrará señaladas
maravillas el poder de Dios, y este Pilar estará en este lugar hasta el fin del
mundo”.
Esta pequeña capilla, industria del apóstol
edificada con la ayuda de unos pocos discípulos, guardará la columna como soporte
del cristianismo con que aseguró que no
faltaría la fe en nuestras tierras. En la firmeza de esta verdadera columna
consagrada se aseguró el templo, la fe y el culto a Dios.
Un ángel quedó encargado de velar y custodiar
esta “casa de oración” que se ha mantenido en el tiempo a pesar de sus ataques.
Muy conocido fue el bombardeo en la noche del 3 de agosto de 1936, dos bombas
que cayeron en el interior del templo sin explotar y que se conservan en la
Basílica como testimonio del prodigio.
Ntra. Sra. del Pilar ha recibido gran devoción
popular debido a los muchos beneficios y atenciones que ha dispensado Nuestro
Señor por su medio. El más destacado “el cojo de Calanda” (1640), un hombre sin
pierna que tenía la costumbre de untarse el muñón vendado con aceite de las
lámparas que pendían de las columnas del templo; una noche, mientras
dormía, soñando que estaba untándose con el aceite como acostumbraba, le fue
restablecida la pierna que yacía enterrada. Esta noticia se divulgo de tal
manera, que hasta el Rey Felipe IV visitó a este hombre y le besó la pierna.
Esta venida de la Virgen en cuerpo mortal, no es
una mera leyenda, al menos para los Papas no lo ha sido, ya que se han mostrado
favorables con un montón de privilegios que han otorgado declarándose siempre a
favor. Elevaron el templo al rango de Basílica Menor y nombraron a Ntra. Sra.
del Pilar Patrona de la Hispanidad.
A lo largo de la historia se la ha venerado
invocándola por su nombre con todo lo que significa: Ella es el sostén de
nuestra edificación en Cristo (Col 2,7), es nuestro “pilar” para vivir “arraigados a Él y
firmes en la fe”.
Esta edificación sobre la roca que es Cristo (1
Co 10, 1-6), se hace visible en la roca que es Pedro, fundamento de la Iglesia
(Mt 16, 13). La Virgen, con su promesa, nos garantiza nuestra adhesión al
Santo Padre para no edificar errados, sino confirmados en la fe (Lc 22,32) del
Vicario de Cristo en la tierra.
Benedicto XVI escogió ese lema para la Jornada
Mundial de la Juventud (2011), precisamente en “Tierra de María”, en España,
donde tuvo una resonancia especial por ser el lugar donde se nos legó “el
pilar” para edificar en Cristo.
Este” pilar” es
signo de su Presencia Materna, mientras Ella esté presente y operante en
nosotros, no nos faltará la fe que prometió al apóstol Santiago, pues
participamos de la suya, de la que es “Madre de los creyentes” (San Juan Pablo
II).
La imagen que veneramos como Ntra. Sra. del
Pilar (S. XV) representa a María
como Madre y
Reina. En la Patrona de la Hispanidad podemos fijarnos en dos detalles que
son toda una invitación para nuestra vida:
- El Niño Jesús que aparece desnudito y
despreocupado sentado en la mano de María, como en su Trono, nos invita a este
abandono confiado en nuestra Madre y Reina. Desnudos de todo, hemos de
asentarnos en nuestro pilar para que la fe de María haga asiento en nosotros.
- Otra invitación es a ser el avecilla del Niño
Jesús, a ser el juguetito que ponga María en su mano para consuelo de su
Hijo. Esta se deja cuidar por Él, por eso sus alas están abiertas. Es sujeto a
Jesús, a lo que su Voluntad pida, como toma vuelo y altura y ofrece el
consuelo a su dueño.
¡Conságrate al Corazón de Jesús por medio del
Corazón Inmaculado de María para ser el avecilla que Ella ponga en su mano!
Escrito por una Dama de la Corte de Honor
de Ntra. Sra. del Pilar de la Basílica de la Gran Promesa.
Escrito por una Dama de la Corte de Honor
de Ntra. Sra. del Pilar de la Basílica de la Gran Promesa.




